Este jarrón es de esas cosas que cuando las ves no puedes evitar sonreír.
Es la cabeza de un moai, esas estatuas gigantes de la Isla de Pascua, pero en versión jarroncito de cerámica blanca.
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Tiene esa expresión seria y enigmática, pero al mismo tiempo queda adorable en una estantería o encima de la mesa.

Está hecho con esmero, con un acabado suave y mate.

Lo mejor es que es hueco por arriba, así que le puedes poner una flor seca, unas ramitas o una plantita suculenta.

No es un simple adorno, es una pieza que habla de historia y de culturas lejanas, pero con un toque moderno.
El color blanco combina con todo, da igual que tu casa sea de estilo nórdico, minimalista, bohemio o clásico.

Queda bien en el salón, en la habitación, en la oficina, en una repisa de la cocina o en una mesa de comedor.
No esperes un jarrón enorme, es más bien un detalle que llama la atención.
Si tienes un amigo al que le guste la historia, los viajes o las cosas curiosas, este es un regalo de 10.

Además, al ser de cerámica, es duradero y se limpia con un trapo.
Un mix perfecto entre arte ancestral y decoración actual.